Ya explicaba en el post ¿Usted es la asistenta? que demasiadas veces en reuniones multidisciplinares de diferentes ámbitos me preguntan textualmente: ¿Tú eres servicios sociales, no? Por esto y otras cosas que explico más adelante he creído necesaria una entrada que explique quienes somos las trabajadoras sociales sanitarias y qué es lo que hacemos en el sistema de salud, completa y definitivamente diferente de lo que hacen los profesionales del sistema servicios sociales,  unos servicios que, bien seguro, son imprescindibles.

En Catalunya se presentó en mayo del 2017 la “Estratègia Nacional d’Atenció Primària i Comunitària” (1). Esta estrategia contempla que todos los equipos de atención primaria de salud, independientemente del proveedor, dispongan de la figura de la trabajadora social sanitaria. Esto es un salto hacia adelante que consolida la figura en la atención primaria de salud. En los hospitales la figura de la trabajadora social sanitaria está consolidada y nadie la pone en duda, aunque muy lejos de la realidad de otros países con plantillas de 40 trabajadoras sociales sanitarias por hospital.

Se ha puesto muchas veces en duda la figura de la trabajadora social sanitaria en atención primaria de salud, e incluso algunas personas de servicios sociales han llegado a solicitar que éstas dependan funcionalmente de los servicios sociales. Y es que muchas veces se ha confundido la profesión del trabajo social con el sistema de servicios sociales.

!Empecemos!

Amaya Ituarte define la actividad de la trabajadora social sanitaria (TSS) como “la actividad profesional que tiene por objeto la investigación de los factores psicosociales que inciden en el proceso salud-enfermedad, así como el tratamiento de los problemas psicosociales que aparecen con relación a las situaciones de enfermedad, tanto si tienen que ver con su desencadenamiento como si se derivan de aquellas”.  (2)

Por tanto, la TSS interviene con personas que están en una situación, derivada de un problema de salud agudo o crónico, que generan malestar psicosocial, y sobre todo interviene en los momentos claves de la trayectoria de la enfermedad. Existe pues un claro objetivo con perspectiva clínica: tratar el malestar psicosocial, y por tanto, ayudar a la persona a afrontar los cambios que le suponen su nueva situación o proceso y que afectan a su funcionamiento social y al de su familia y/o entorno.

Y en este nuevo afrontamiento es imprescindible que afloren las expectativas y deseos futuros de la persona, permitiendo que él sea el protagonista en la toma de decisiones tanto del ahora, como del futuro (más información de las voluntades anticipadas en esta entrada).

Porqué cuando un miembro de una familia enferma, es necesario un proceso de adaptación de todos los que la conforman, ajustando roles y organizando nuevas dinámicas. Según sea la capacidad de resiliencia de la familia ésta puede entrar en una dinámica disfuncional.

La TSS trabaja en un equipo multidisciplinar, con médicos y enfermeras y otras profesiones sanitarias, aportando “su experiencia en la valoración de la dimensión social, familiar y psicosocial, elaborando el diagnóstico social sanitario que complementa el diagnóstico clínico, y aportando elementos de intervención en el plan de trabajo del equipo, en base a las necesidades detectadas.” (3)

Como veis, la composición del equipo de trabajo de la trabajadora social sanitaria (médica -dejadme que lo diga en femenino-, enfermera, y gestora de caso principalmente), es distinto al del equipo de servicios sociales (trabajadoras sociales, educadores sociales y trabajadoras familiares, mayormente). Pero no sólo su composición es diferente, sino también los objetivos, las prioridades y la estructura de ambos sistemas, el de salud y el de servicios sociales.

Además de todo lo referido hasta ahora, el tipo de enfermedad que padece la persona tiene un tratamiento distinto desde la mirada de la trabajadora social sanitaria. Por ejemplo: ¿Estamos hablando de una enfermedad de Alzheimer? ¿O hablamos de una esclerosis múltiple? ¿O de un ICTUS agudo? ¿O de un niño que nace con Síndrome de Down? ¿O un niño que es diagnosticado de trastorno del espectro autista?

Sin duda alguna los profesionales de los servicios sociales conocen estas enfermedades, por supuesto. Pero las TSS conocen en profundidad la trayectoria de las mismas, las necesidades de la persona enferma en cada momento, el cómo afecta cada una de ellas a las familias, las intervenciones recomendadas en cada momento. Y es que la TSS no trabaja únicamente a partir de la demanda explícita de la persona enferma o su familia  sino a partir de los procesos de atención interdisciplinar y de cribaje del riesgo.

Y todo esto se produce por la experiencia y la investigación en el malestar psicosocial, por el trabajo por procesos del que hace años venimos hablamos, y por los indicadores proactivos con los que trabajamos. Y al hablar de proactividad incluimos la intervención que la TSS hace en aquellas personas con riesgo de padecer problemas de salud, es decir, personas frágiles que, por nuestro conocimiento, sabemos que van a requerir intervención futura. Así, activando los recursos personales y familiares adecuados, vamos a tratar anticipadamente el malestar psicosocial y mejorar el funcionamiento social.

Hasta aquí creo que he hablado claramente de un trabajo diferente al de los servicios sociales. Y voy a incluir otras diferencias de paradigma:

1. El acceso al sistema de salud es universal, y siempre lo ha sido. Incluso en Catalunya, los pacientes o sus familiares pueden pedir día y hora de visita por internet a la mayor parte de las TSS que trabajan en primaria de salud, sin filtro alguno. Aunque esto conlleva ciertos problemas de visitas no adecuadas porque la demanda del ciudadano no tiene respuesta en el sistema de salud.

Normativas recientes (4) han hecho un paso atrás dejando a una parte de la población fuera de la cobertura pública. A pesar de esto en algunas comunidades autónomas, como por ejemplo Catalunya, se ha vuelto a universalizar (5) de acuerdo a la premisa de supresión de desigualdades en salud, y con visión de salud poblacional más que individual).

2. Las TSS somos profesionales sin cartera de recursos propia (que no quiere decir servicios, no os confundáis: tenemos una amplia cartera de servicios). Nuestro principal recurso somos nosotros mismos, y nuestro equipo. No hemos de olvidar que disponemos de aquellos recursos que con el tercer sector (asociaciones, fundaciones y ONG) hemos ayudado a construir o hemos hecho acuerdos de colaboración.

En Catalunya la trabajadora social sanitaria forma parte de la gestión y demanda de recursos sociosanitarios, con más protagonismo en algunas zonas que en otras, compartida también con la enfermera gestora de casos.

3. La TSS facilita la coordinación externa (entre el equipo y otros servicios, tanto del sistema sanitario, como del sistema de servicios sociales), favoreciendo la continuidad asistencial. Desde siempre, aunque esté de moda ahora, la persona enferma y su familia ha estado en el centro de nuestra atención. Así es indispensable la coordinación hospitalaria, y la de la red sociosanitaria, tanto al ingreso como al alta. Aunque he de decir que la coordinación entre niveles debe mejorar, y que los sistemas de información deben ayudar a ello. Porque si no existiese la TSS… como sería la interacción con

4. La TSS también hace función de consultoría a su propio equipo, impartiendo formación y trabajo de casos y da soporte en casos con elevado impacto emocional. Está claro que el modelo en que nos movemos las TSS es el bio-psico-social. Los médicos de familia cada vez más necesitan complementar la parte psico-social, dado que la parte “bío” está profundamente desarrollada con las guías clínicas, etc. Pero el manejo del malestar psicosocial de la enfermedad, de la detección en violencia machista o intrafamiliar, de la soledad de la gente mayor, etc. precisa de una formación continua, que debe recaer en la figura de la TSS

5. La atención a los determinantes de salud: la TSS es experta en trabajo comunitario, dada su formación específica (conocedora de los activos sociales de la comunidad y con visión de sus necesidades), lidera y/o acompaña, al resto de su equipo en la aventura comunitaria, participando en el diagnóstico de salud de la comunidad, en programas de prescripción social o recomendación de activos, y dando respuesta a las demandas de las asociaciones del barrio.

 

Creo sinceramente que hay argumentos suficientes para diferenciar a las TSS de las trabajadoras sociales de servicios sociales y estamos, cada vez más cerca, del reconocimiento como profesión sanitaria que, sin duda, sería la culminación de la especialización de la profesión.

 

Bibliografía

1. Estratègia nacional de l’atenció primària i salut comunitària (ENAPISC). http://salutweb.gencat.cat/ca/ambits_tematics/linies_dactuacio/plans_sectorials/pla_primaria_salut_comunitaria_enapisc/

2. Ituarte Tellaeche, A. Procedimiento y proceso en el Trabajo social clínico. SigloXXI. 1992.

3. BONILLA IBERN, Marta. El treball social en l’atenció a persones amb malaltia crònica avançada des de l’atenció primària de salut: a propòsit d’un cas. Revista de Treball Social. Col·legi Oficial de Treball Social de Catalunya, abril 2017, n. 210, pàgines 81-92. ISSN 0212-7210. http://www.tscat.cat/download/rts/RTS_210_cat/El_ts_en_malaltia_cr%C3%B2nica.pdf

4. Real Decreto-ley 16/2012, de 20 de abril, de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y mejorar la calidad y seguridad de sus prestaciones.  https://www.msssi.gob.es/profesionales/prestacionesSanitarias/CarteraDeServicios/docs/RDL_16_2012.pdf

5. LLEI 9/2017, del 27 de juny, d'universalització de l'assistència sanitària amb càrrec a fons públics per mitjà del Servei Català de la Salut. http://portaldogc.gencat.cat/utilsEADOP/PDF/7401/1621253.pdf