En los centros sanitarios atendemos a los pacientes que nos presentan una problemática determinada. Las trabajadoras sociales sanitarias (TSS) registramos dicho problema en los diferentes sistemas de información con un código que pertenece a una clasificación diagnóstica (CIE-10, etc.). De ese registro de la problemática, a la elaboración del diagnóstico social sanitario, hay que pasar indiscutiblemente por la relación asistencial.

Esta problemática codificada es lo que nos da un perfil social, es decir, “la aproximación más aplicada del diagnóstico, y constituye enunciados que permiten conectar la información que aporta el usuario con la abstracción que significa elaborar el diagnóstico” (1).

El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) define a la palabra “perfil” (2), entre sus diferentes acepciones,  “como el conjunto de rasgos peculiares que caracterizan a alguien o algo”.

Pongamos un ejemplo práctico:

Imaginemos que vamos por la calle paseando y allí a lo lejos, aparece una persona. Al principio nos recuerda a alguien, y a medida que se acerca, confirmamos o no si es la persona que pensábamos.

Es bien cierto y experimentado por todos, que cuando vemos a una persona desde muy lejos la reconocemos por su perfil, es decir, por su contorno. Y este contorno es conocido, está basado en el conocimiento previo de esa persona.

A medida que esta persona se acerca a nosotros, a parte de su contorno, empezamos a ver otras características o rasgos concretos y peculiares que permiten descartar o afirmar que realmente es quien pensábamos que es: su forma de caminar, el movimiento de sus brazos, la forma de vestir, si lleva o no gafas, la forma de su pelo, su musculatura más o menos desarrollada, etc. Estos rasgos más peculiares son reconocidos porque, a parte del conocimiento previo de esa persona, existe una relación con la misma. Y es esta relación la que nos permitirá determinar si ha habido cambios respecto la situación anterior: ha envejecido, ha adelgazado, etc.

Así pues, la primera aproximación se hace por aquellas características o rasgos de contorno.

Del mismo modo, en la entrevista con el paciente, la trabajadora social sanitaria hace su primera aproximación con la valoración social (3). La valoración social es el conjunto de aspectos sociales, de convivencia, económicos, laborales, de vivienda y culturales tanto individuales como del entorno familiar, y social que determinan el grado de salud del paciente.

Esta valoración social nos permite identificar las características de las relaciones que condicionan en cualquier caso la evolución de la situación de salud, esto es, las relaciones de cada persona con las personas de su familia, con las de su entorno, las de éstas entre sí, las de unas y otras con los sistemas de salud, de servicios sociales, etc.

Por tanto, la valoración social, en definitiva, trata de explorar diferentes elementos relativos a la persona, la familia y el entorno, a la vivencia individual y familiar respecto a la situación de salud y a las características de la provisión de cuidados efectivos y potenciales desde los sistemas de apoyo formal e informal.

Una vez se ha desarrollado esta valoración social, la trabajadora social sanitaria ya dispone del contorno, es decir, de su primera aproximación, del paciente o familia que está iniciando su proceso de atención social.

Entendemos el proceso como el “conjunto de actividades mutuamente relacionadas o que, al interactuar, transforman elementos de entrada y los convierten en resultados” (4). Si aplicamos esta definición al proceso de atención social, deberemos entender éste como el conjunto de intervenciones o procedimientos realizados, o mandados realizar, por la trabajadora social sanitaria para atender y cuidar a los pacientes y subsanar sus problemas sociales.

Un proceso de atención debe centrarse en el paciente, y dar respuestas efectivas a las necesidades, valores y preferencias de los pacientes. De este modo se hace imprescindible pasar del perfil entendido como contorno a un perfil social más amplio, es decir, el que se  establece por las características idiosincráticas del individuo o familia, es decir, y para seguir haciendo referencia al ejemplo inicial, por sus rasgos concretos y peculiaridades.

Para poder llegar a este perfil social amplio es necesario establecer una relación asistencial. El Dr. Francesc Borrell (5), define la relación asistencial como “la relación diádica entre el profesional y el paciente”. De nuevo es necesario recurrir al DRAE (6), que define diádica como referente a díada: “Pareja de dos seres o cosas estrecha y especialmente vinculados entre sí”.

Es decir, la relación asistencial en trabajo social sanitario sería aquella relación que se establece entre la trabajadora social sanitaria y el paciente en la que se crea un vínculo, una unión.

Isca Salzberger-Wittenberg (7) destaca que “El primer encuentro de la asistente con el entrevistado constituye una experiencia nueva para ambos” y que “la actitud de cada uno de ellos con respecto a la situación, influirá en alto grado en su relación

Salzberger-Wittenberg detalla las esperanzas y temores tanto del profesional como del entrevistado, pero indica que cada contacto, cada reunión, cada entrevista, el profesional debe sentirse libre para percibir de nuevo al entrevistado. De esta forma, se permite “que se manifieste otra faceta de la personalidad de este y se produzca el cambio”.

Cada vez que la trabajadora social sanitaria va reconociendo estas diferentes facetas del paciente, va estableciendo las diferentes peculiaridades y rasgos concretos que van a permitir que el perfil inicial, el contorno, vaya rellenándose de los rasgos concretos y peculiares que nos permitirán definir el diagnóstico social sanitario del paciente con quien hemos iniciado el proceso de atención, mediante la relación asistencial.

Este año celebramos el centenario de la edición de un libro que aún es vigente hoy: Social Diagnosis, de Mary Richmond (8). Ella define el diagnóstico social, yo añado sanitario, como el “intento de definición, lo más exacto posible, de la situación social y de la personalidad de un ser humano con alguna necesidad socia”. Y así lo hacemos las trabajadoras sociales sanitarias al contextualizar la necesidad social de la persona en torno a la enfermedad que padece, y trabajando el malestar psicosocial.

Y esta interacción del diagnóstico social sanitario con el diagnóstico clínico modifica la profundidad de la situación social de la persona.

 

 

1. Mireia Soler Boada, Jordi Riba Cebrián. Agathos: Atención sociosanitaria y bienestar, ISSN 1578-3103, Año 14, Nº. 2, 2014, págs. 26-35

2. http://dle.rae.es/srv/fetch?id=SagtYdL

3. Valoración social del enfermo. Dr. Juan José Gomáriz. Médico de Familia. Comité Científico kNOW Alzheimer. http://knowalzheimer.com/valoracion-social-del-enfermo/

4. http://es.wikipedia.org/wiki/Proceso

5. F. BORRELL I CARRIÓ, J. M.ª BOSCH I FONTCUBERTA. Entrevista clínica y relación asistencial. La atención centrada en la persona. En ZURRO, A., & PEREZ CANO, J. F. (2014). Atención primaria. Principios, organizacion y metodos en medicina de familia. Tomo 1.

6. http://dle.rae.es/?id=DdjkXy0

7. La relación asistencial: aportes del psicoanálisis kleiniano. Isca Salzberger-Wittenberg. Ed. Amorrortu. 1980.

8. Richmond, M. E. (1917). Social Diagnosis.