Una mirada desde el trabajo social sanitario para humanizar nuestras instituciones sanitarias. Relato de una experiencia personal acompañando a mi madre en su proceso de intervención quirúrgica (IQ) de prótesis de cadera.

Hoy escribo un post más personal, más de reflexión, después de acompañar a mi madre en el proceso de IQ y de estancia en hospital. Es curioso que quizás sólo pensamos en todo el proceso cuando estamos al otro lado. Y la verdad, vivir el otro lado, ayuda a ser más empático en las próximas visitas.

Ya os adelanto que “técnicamente la intervención ha ido perfectamente”. Esas fueron las palabras de médico cuando nos recibió en el despacho del área quirúrgica. Explicó la intervención en términos clínicos y tanteó el posible soporte al alta para solicitar interconsulta con el equipo de geriatría para que valore una estancia de convalescencia en centro sociosanitario. He de decir que llegó a presentarse, con lo que ya es un avance: “Técnicamente” el médico lo hizo bien.

Pero, ¿cuál ha sido el proceso? El hospital en el que ha estado ingresada es uno de esos grandes hospitales públicos redondos de la provincia de Barcelona. Estructuralmente muy antiguo, con habitaciones dobles, en la que la separación entre cama y cama no supera los 80 centímetros, con lo que podemos decir que, tanto pacientes como acompañantes, vivimos el malestar psicosocial del otro casi en primera persona.

Veamos toda la historia y cuáles son los aspectos que necesariamente hay que humanizar.

Cuando ingresamos, a las 6.30 de la mañana, nos llevaron a la unidad de corta estancia, donde hay 3 butacas por habitación y una taquilla para guardar las pertenencias. No asignan habitación hasta después de la intervención. Quizás esta fórmula es más eficiente, pero tiene sus inconvenientes: sólo puede acceder un acompañante, hay una menor intimidad al existir 3 butacas separadas por cortinas, y poca comodidad para paciente y acompañantes (no hay silla). En esta unidad la prepararon (ducha y bata) hasta que llegó el zelador para ir a quirófano.

A las 8.30 bajamos a quirófano, nos despedimos de mi madre dándole ánimos y el celador nos comentó que nos podíamos esperar ahí… – ¿dónde?, pregunté.  – Delante de la puerta, fue su respuesta. Una de las cosas que conté durante la larga espera fueron las sillas que hay en hall frente a la  puerta de quiŕofano… una 15 sillas y quizás me paso. Y claro, como unas 10 familias fuera. Ya os podéis imaginar: ahora de pie, ahora sentado, ahora leo, ahora en el suelo, ahora camino, buffff. ¡Comodidad absoluta!

Al rato se oye alguien que dice un nombre. Ha salido la zeladora de quirófano y pregunta por los familiares de alguien. No os podéis imaginar lo difícil que era estar atento por el bullicio de los familiares que cada vez era mayor (no hay señal de silencio en el hall, con lo que mis intentos de ssssshhhhhh no servían para nada).

Al final, sobre las 12 h., el tan esperado nombre. Y me dice la celadora que ya me habían llamado hacía una hora. Pues no oí nada, aunque también es cierto que ha estoy un poco duro de oído… pero éramos 3 familiares esperando fuera y ninguno lo oímos. No entiendo como en el siglo XXI no se utilizan sistemas de aviso mejores. Ya no digo una APP para móvil en el que pudieras seguir los pasos de la intervención: quirófano, reanimación, aviso a familiares para que estén en X tiempo en el despacho, etc. A malas sinó, un número que saliera con un aviso en panel como los que te indican a qué puerta o mesa debes ir, tipo “su turno”.

Pues hasta las 18 h. no subió a la habitación. En todo este tiempo, 6 hora, ningún comentario más por el equipo de quirófano y reanimación. Conclusión: no comimos. Por miedo a que saliera, a que nos llamaran, etc.. por la incertidumbre del que está fuera. Ya preguntamos, ya, pero la respuesta era siempre la misma: – si no os decimos nada es que está bien, si no, avisamos. La verdad es que eso no tranquiliza al familiar.

Por fin salió mi madre, con mejor aspecto del previsto. Los acompañantes anticipamos muchas cosas. Conocemos el carácter del paciente y vamos imaginando lo que puede estar sufriendo, con la falta de compañía, con la desorientación temporal, etc. Incluso cuánto más conoces del proceso quirúgico, más incertidumbres sufres. Es aquello de que la ignorancia hace la felicidad.

Y subimos a la habitación. Se nos presenta una chica muy joven, y se identifica como estudiante de enfermería (os aseguro que Claudia será una gran enfermera) y comenta que otra persona sería el enfermero de referencia (este no se presentó, al menos a la familia).

La evolución de la intervención ha ido muy bien. Pero me encuentro unas cosas durante la estancia necesarias a mejorar. Me he quedado un par de noches y os tengo que decir que son peores que las que me ha dado mi hijo pequeño. Los timbres de aviso al control de enfermería son escandalosos, tanto que te despiertan. Os cuelgo una foto del sistema que tienen… yo creo que es de origen. Nada de una APP conectada a pulsera que vibra con aviso de habitación… Sistema silencioso… Nada. ¿Lo patentamos?

 

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Para más INRI el aparatito se llama AIPHONE

 

A las 23.45h último control… bueno a ver si duermo… Los timbres… No pego ojo… El cansancio nos puede a mi madre y a mi y al final duermes como en entrevela, pero duermes algo… ¡Ay! ¡No! Que son las 6 de la mañana y traen la medicación del desayuno. – Buenos días, dice… – Gracias, ¡pero es de noche!, contesto. Otra cabezadita que no ha sido nada. A las 6.30 vienen las auxiliares a hacerle la higiene a la paciente de al lado. El familiar debe salir. Claro una mini cortina no es suficiente intimidad. Estructuralmente no hay sitio donde ponerse. Ala, a buscar un café y a escribir este post porque desde trabajo social sanitario hay mucho que decir. Ufff, me olvidaba… mi madre y su compañera de habitación vuelven a dormir.  A las 7,00 entra la señora de la limpieza. Bueno, un motivo más para intentar humanizar los horarios en la sanidad pública y deciros que esto también forma parte de nuestro trabajo.

 

Aspectos humanos que dispone este centro, y no debe perder:

  • Los horarios de visita: en ningún momento, a pesar de que existe horario de visita, nadie nos ha dicho nada. El contacto de la familia con el paciente mejora el estado psicosocial del mismo y por tanto hay que mantenerlo, en la medida de lo posible. Los horarios abiertos son una oportunidad para mejorar el estado del paciente, y además, permiten un trabajo con la familia que, en algunos casos puede estar sufriendo mucho. No hay que olvidar la posibilidad que en las unidadets de vigilancia intensiva pueda permitirse un horario más abierto, humanizando un espacio de alta intensidad.

 

Aspectos que este hospital (y otros muchos seguro) precisa humanizar:

  1. La espera en quirófano (tanto por la incomodidad como por el ruido). El familiar en ese momento padece gran malestar psicosocial, aún siendo la IQ sencilla, hay factores como la edad del paciente, o experiencias previas que pueden hacer la espera angustiosa. Plantearse que el trabajador social sanitario pase por la sala de espera de quirófano, se presente, haga un pequeño screnning de riesgo social y ofrecezca los servicios de trabajo social sanitario sería una buena forma de “acompañar” a la familia en esos momentos de dificultad.
  2. La falta de comunicación con el equipo de quirófano y reanimación. Esas horas de incertidumbre constante se hacen muy largas. Sólo que se comunicara a la familia que la enferma está bien, pero no hay cama disponible y que podemos ir salir a dar un paseo, que nos avisarán cuando tenga que salir, hubiera permitido desconectar un rato. No hace falta una APP, sólo comunicación. Un trabajador social sanitario en quirófano, podría hacer este bypass comunicativo entre equipo quirúrgico y familia.
  3. La forma de comunicar el resultado de la intervención: el médico que atiende a la familia debe entender que ésta puede tener alta incertidumbre con lo que debe ser empático y dedicar tiempo en ese espacio de comunicación. No sólo es información, que también debe dar, sino plantear dudas que la familia pueda tener. El acompañamiento previo a la familia por parte del trabajador social sanitario puede facilitar esta comunicación, ya que el médico puede ser advertido de ciertos aspectos que luego él puede tratar con empatía.
  4. El contacto personal: todo aquél profesional que ve al paciente o familiar por primera vez, debe presentarse. Eso rompe barreras y supera los déficits estructurales.
  5. Los horarios. ¿No sería posible modificar los horarios de la planta? ¿Por qué llevar las pastillas a las 6 de la mañana (debería decir madrugada)?. A las 6 se deja de dormir sobretodo si todos duermen. Ya hay bastante malestar psicosocial del paciente, que sufre dolor, que tiene miedo al resultado final, que tiene indefinición sobre la plaza de convalescencia posterior, etc., como para que además sólo tengas de 00.00 a 6.00 horas para descansar, porque luego la planta se vuelve como un hormiguero en pleno verano. El trabajador social santario, experto en malestar psicosocial, debe formar parte de la comisión de humanización del hospital, si ésta existe. Sinó, debe promover su constitución.
  6. Los ruidos que provocan los avisos de planta: Entiendo que no debe pasar que un paciente avise por algo y no se le atienda. Pero hasta que el personal no apaga el timbre, este suena y suena… Hay que buscar una solución tecnológica que no suponga ruido (o al menos que permita bajar el volumen por la noche).

Todos estos aspectos me hacen pensar que los trabajadores sociales sanitarios, conocedores de lo que significa el malestar psicosocial, debemos estar incorporados en las comisiones de humanización del hospital. No sólo se trata de mejorar la señalización, sino de hacer reflexionar a los gestores que una estancia mejor, hará subir la recomendación del hospital, como ya lo hace el resultado de la atención sanitaria.

Mirando en Google Maps, este hospital tiene un 4.2 de 5 con más de 100 opiniones. La gente valora muy positivamente la atención sanitaria. Si mejorase esta parte de humanización, bien seguro que subiría en el ranking de hospitales.

Por último, comentar que existe un movimiento que se llama Humanizando los Cuidados Intensivos y vale la pena estar atento a lo que van trabajando. Entre todos, hagamos una sanidad más humana.

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